
Iskandar (Alejandro Magno) cazando patos. Pieza del Mes, Agosto 2026
La artista cordobesa Isabel A. Carrión, especialista en la reproducción de manuscritos árabes, persas y medievales, dedica la Pieza del Mes de agosto de 2026 a una delicada escena protagonizada por Iskandar, nombre con el que se conoce a Alejandro Magno en la tradición persa.
La miniatura que he elegido como pieza del mes de entre mis reproducciones, pertenece a un pasaje de las Obras Completas de Mir Ali Shir Nawa’i (1441-1501): Iskandar cazando patos. Escuela de Tabriz (Periodo Safávida), Irán 1526. Biblioteca Nacional de Francia (París), folio 447 verso.
La escena captura un momento de ocio del legendario héroe Iskandar (Alejandro Magno).
En la tradición islámica Iskandar no solo era un guerrero brillante, sino un sabio que buscaba el conocimiento, la justicia y la Fuente de la Juventud. Los grandes poetas persas y turcos, como Ferdowsi, Nizami y el propio Nawa’i, quedaron fascinados por su vida. Escribieron epopeyas enteras sobre él (los llamados Iskandarnama o «Libros de Alejandro»), convirtiéndolo en el protagonista de mil aventuras, batallas y, como vemos en mi reproducción de escenas de caza y ocio. Para los sultanes y gobernantes de la época, Iskandar era el modelo a seguir. Al encargar pinturas donde se le retrataba con las ropas y costumbres de la corte del momento, los reyes se comparaban indirectamente con él, ya que era el ejemplo perfecto de lo que debía ser un gobernante ideal.
Vamos ahora a analizar la pintura: El monarca se sitúa en la embarcación principal de la izquierda, bajo un baldaquino. Iskandar está representado con los atributos de la realeza safávida de principios del siglo XVI: un turbante ceremonial y ropajes verdes ribeteados en oro. Sostiene un arco que envía hacia abajo tras soltar la flecha que ya ha alcanzado al pato.
Siguiendo el estilo propio de la Escuela de Tabriz de la década de 1520, el texto poético está escrito en estilo nasta’liq y están enmarcados en bandas doradas. Son fragmentos poéticos que emplean una rica simbología para ensalzar la figura del soberano Iskandar/Alejandro.
El uso del pan de oro en las nubes estilizadas (de influencia china), los detalles de los tronos y las inscripciones denotan el carácter de un encargo real.
Debajo de la barcaza donde se encuentra Iskandar, vemos una nave que despliega una gran vela blanca. Un marinero trepa por el mástil para asegurar el aparejo en una demostración de realismo cotidiano dentro de la fantasía heroica, mientras un grupo de soldados armados con lanzas y cascos cónicos vigila el horizonte.
A la izquierda, una pequeña barca de apoyo con un remero a la popa estabiliza la composición espacial y dirige la mirada del espectador hacia la acción principal del rey.
Vemos también preciosos detalles: peces que salen fuera del agua para ver la escena.
Los versos del borde superior dicen:
«Aquel que es el primero y el más noble en el mar del mundo y del cielo,
cruzó con su flota de barcos hacia las islas lejanas.
Al ver que el navío del soberano alcanzaba las costas de aquellas tierras,
se abrieron ante él los horizontes y los dominios de las islas.»
Y los versos de la parte inferior:
«El Rey, cuyo arco es como la luna creciente, apuntó firmemente hacia su objetivo,
allí donde la fortuna y el destino le habían concedido su morada.
Con mano firme y pulso certero, su flecha cruzó el gran firmamento,
abriendo para el reino la llave de los mares y de la tierra entera.»
Al entrelazar la caligrafía lírica con la representación alegórica de Iskandar en el mar, la obra trasciende la mera ilustración de una escena de caza para convertirse en un manifiesto visual sobre el poder, el destino y el dominio imperial.
En conclusión, el folio 447 del Diwan de Mir Ali Shir Nawa’i constituye un testimonio excepcional de la sofisticación artística alcanzada por la Escuela de Tabriz en 1526 caracterizada por un uso magistral de la acuarela y el oro.
En una sola imagen tenemos poesía, una escena de acción y un mensaje político sutil pero contundente: que el rey tiene el control absoluto de su destino y por supuesto, una magnifica puntería.
Es un recordatorio perfecto de que, en el arte islámico clásico, la palabra y la pintura no competían por el protagonismo, sino que remaban juntas – nunca mejor dicho- en la misma dirección. Una joya que, gracias a su preservación en la Biblioteca Nacional de París nos permite seguir admirando e interpretando.
Ficha Técnica
Plumilla, tintas de colores sobre papel de elefante envejecido.
Tamaño: 30 cm x 21 cm.



