
“LA ESTIRPE DEL ARRABAL III: El águila en la tormenta”
Mi novela “El águila en la tormenta” cierra la trilogía “LA ESTIRPE DEL ARRABAL” y está dedicada a los descendientes actuales de aquellos desterrados de Córdoba que en el siglo IX fundaron el Emirato de Creta. Narra la historia de la familia Karimás, sucesora de unos supervivientes del exterminio llevado a cabo por Bizancio al reconquistar la isla en el 961 d.C.
La familia actual también ha sufrido persecución en los siglos XX y XXI por parte de quienes se sienten herederos de Bizancio: nacionalistas de Grecia, cloacas del Estado griego, servicios de inteligencia, extrema derecha… Esa persecución se manifestó en sabotajes a sus negocios —ya que eran los más poderosos y ricos de la isla—, en acoso legal con denuncias falsas, amenazas, secuestros, tortura, etc. Y todo ello por ser descendientes directos de los andalusíes del emirato cretense, por reconocerlo públicamente, preservar su identidad y denunciar la tergiversación que aún se sigue haciendo de esos hechos históricos de su pasado medieval.
Geórgios Karimás, el protagonista, defiende en estas páginas:
“Conocer la Historia de nuestros antepasados nos ayudará a conocernos mejor, a afianzar nuestra identidad, al paso que les hacemos justicia y contribuimos a que no sigan sepultados. Es como decirle de nuevo a Bizancio, a Grecia: ― ¡Yo soy uno de ellos! ¡Seguimos aquí!”
La novela “El águila en la tormenta”, basada en hechos reales, es tan histórica como las dos que la precedieron en la trilogía “La Estirpe del Arrabal”.
Los nacionalistas griegos y otros diversos grupos extremistas han llegado a inventar la Historia para avalar sus teorías panhelénicas, según las cuales el verdadero y único origen de todos los territorios que integran el Estado de Grecia—tanto los peninsulares como los insulares— y de las culturas de todos y cada uno de ellos es el helénico; únicamente están dispuestos a aceptar también el bizantino como componente de sus pueblos y culturas. La Grecia clásica y Bizancio como únicos orígenes.
Pero Creta le pone muy difícil a los nacionalistas griegos el poder mantener ese discurso del panhelenismo, porque su verdadero pasado y sus habitantes originarios, los auténticos cretenses, fueron los minoicos —incluso en la época clásica (siglo V a. C.) conservaba la isla su arcaísmo minoico, como lo demuestran las Leyes de Gortina, una de las ciudades de sus orígenes—. Solo fue ocupada por Bizancio en la etapa medieval, y ni siquiera de forma continuada, sino en dos fases, por la interrupción de los árabes andalusíes; más tarde perteneció a Venecia, y luego a los otomanos hasta principios del siglo XX. Y solo entonces pasó a pertenecer a Grecia, tras una breve fase de independencia total.
Había, por tanto, dos culturas en la isla que no podían encuadrarse en ese entramado ideológico del “todo es helénico” y esas eran su pasado minoico y el pasado del emirato andalusí. Estos, procedentes de España con lengua árabe y religión musulmana; y los minoicos ni en lo étnico ni en lo cultural eran griegos y hablaban un idioma propio desconocido, sin ningún punto común con la lengua griega: el eteocretense o minoico evolucionado, aún sin descifrar. Esas dos épocas de la historia de la isla obstaculizaban los planes de los nacionalistas; a esos periodos no griegos de Creta, durante los cuales la isla existió como un Estado plenamente autónomo, de ninguna manera lograban integrarlos en la narrativa histórica nacional. Para colmo, la isla tiene incluso su dialecto propio actual, que tampoco es helénico.
En dicho contexto patriótico, hubo personas que, organizadas y ocupando cargos dentro de los servicios oficiales de arqueología y patrimonio cultural estatal, hacían desaparecer restos arqueológicos y destruían monumentos antes de que salieran a la luz o, si era imposible destruirlos, se aseguraban de que fueran considerados irrelevantes para poder seguir manteniéndolos sepultados y en la oscuridad.
Para ello llegaron a cometerse barbaridades, destruyendo restos arqueológicos, minoicos y andalusíes especialmente, ocultándolos, arrojándolos al mar, utilizando sus piedras con inscripciones para enterrarlas en el cemento de cimientos de edificios en construcción, etc., y ¡claro! persiguiendo a Georgios Karimás por rescatar todos los que pudo, pues fue el principal coleccionista de restos arqueológicos cretenses, para salvarlos de dos clases de depredadores: los nacionalistas panhelénicos que buscaban hacerlos desaparecer y los saqueadores furtivos que los vendían a coleccionistas extranjeros, ya que Geórgios también trataba de impedir que salieran de la isla.
En realidad, el rechazo y acoso hacia nuestro protagonista estaba fundamentado en que Geórgios representaba a esa gran parte de pobladores cretenses que, con su sola presencia, desmentían aquel proyecto de pureza nacional imposible, porque esa obsesión por la identidad exigía borrar toda la verdadera Historia antigua de la isla, esa realidad del país vinculada a otras culturas que no eran la helénica.
A las persecuciones respondía Geórgios colaborando al progreso de la isla, no solo con su trabajo y sus negocios, creando puestos de trabajo con su cadena de hoteles y su fábrica de cerámicas para la construcción, sino también con las donaciones a los museos de Heraklion de sus colecciones arqueológicas y de monedas del Emirato. Si él hubiera sido un pobre diablo, no hubiera sido perseguido, pero era el más rico y poderoso de Creta, y a él sí lo veían con posibilidades de influir para lograr una independencia; era lo que temían. Pero el señor Karimás estaba muy lejos de desear tal cosa.
Hay que tener en cuenta que, durante buena parte del siglo XX, los sectores más influyentes de la isla estuvieron encarnados en distintos descendientes de los andalusíes cretenses, que han aportado mucho al progreso de la isla y a darla a conocer en el mundo: el sector financiero estaba encabezado por el mismo Geórgios Karimás, mientras que el sector cultural estaba representado por el escritor mundialmente reconocido Nikolaos Kazantzakis.
Kazantzakis, el mejor escritor griego de todo el siglo XX, también era cretense. El autor de “Alexis Zorba” (Zorba el Griego), “La última tentación de Cristo”, “Carta al Greco” (o Informe al Greco”), etc. En esta última obra, autobiográfica, donde él se abre en canal, confiesa que es descendiente directo de los hispanomusulmanes que conquistaron Creta en el siglo IX. Además, aclara que su apellido es de oficio, puesto que era frecuente que tomaran para sí los conversos como apellido el del oficio familiar, como también ocurrió en España con los conversos judíos y musulmanes; escribió que Kazantzakis procede de Kazantzi, palabra que denomina al “caldero”, y por ello su apellido alude “al que fabrica y vende calderos”.
También fue calumniado y puesto en entredicho el escritor; por parte de la Iglesia ortodoxa se intentó excomulgarlo, pero el Patriarca Athenágoras I, de mente más abierta y verdaderamente ecuménica, se opuso.
El peso de los descendientes de los cordobeses del emirato durante el siglo XX en Creta radicalizó a los nacionalistas griegos. Respecto a la familia Karimás, nadie ha ido a la cárcel por los delitos cometidos contra sus miembros. Es el único caso de secuestro que no ha sido resuelto en Grecia; sus autores, a día de hoy, siguen libres. La publicación de esta novela —que en su momento será traducida y editada en griego— es el único medio que les queda para que esos delitos no queden del todo impunes.
La documentación para la novela la he recibido de uno de los miembros de dicha familia, al que conozco personalmente desde hace años y con quien me he encontrado con frecuencia tanto en Córdoba como en Creta. En mi poder se encuentra, por tanto, gran parte del archivo familiar relacionado con este asunto y que incluye toda la información necesaria para la elaboración del presente libro. Por ello, agradezco enormemente a la familia Karimás la confianza que ha depositado en mí, ya que dicho archivo contiene información muy sensible.
Estas fuentes incluyen documentos de todo tipo: cartas oficiales, certificados bancarios, declaraciones de testigos, actas de resoluciones judiciales, transcripciones de conversaciones telefónicas (incluidas las mantenidas con los secuestradores para negociar el pago del rescate y la liberación del hijo de Geórgios), el diario manuscrito del jefe de policía que dirigió el caso, periódicos, fotografías, etc. Los nombres, apellidos y denominación de instituciones o de personas físicas o jurídicas han sido reemplazados por nombres ficticios en la novela.
El título de la novela “El águila en la tormenta” remite a la letra de una mantinada cretense (canción popular) cuya letra está grabada en la lápida de tumba de Geórgios Karimás:
Άετέ, δε λύγισες ποτέ
στίς μπόρες τα ϕτερά σου
και δεν εδιάλεξες καιρό
ποτέ στο πέταγμά σου.
Que significa:
Águila, nunca plegaste
tus alas en la tormenta y
nunca el tiempo
condicionó tu vuelo.
Autor/es:
Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas celebradas en museos y en colecciones públicas y privadas de España, Alemania, Portugal, EE.UU y Reino Unido. Como escritora e investigadora científica, Carmen Panadero ha ganado premios como el XV Premio de novela corta "Princesa Galiana" del Ayuntamiento de Toledo por su novela “La Horca y el Péndulo”, y ha sido distinguida con la Medalla de Oro 2018 del Círculo Intercultural Hispanoárabe (CIHAR) a la Investigación Histórica.



