
‘UD RAMAL. Pieza del Mes, Febrero 2026
El laúd tradicional de Marruecos.
El laúd ramal es el instrumento que tradicionalmente se ha utilizado en Marruecos para la interpretación de la música andalusí-magrebí hasta después de los años treinta del siglo XX, cuando el laúd oriental o ‘ud sharqí, venido de Egipto, lo sustituye rápidamente y lo hace desaparecer. El nuevo laúd tuvo tanto éxito que eclipsó al tradicional por ser más versátil y adaptarse bien a muchos repertorios de otras culturas, hoy en día, el laúd ramal es un instrumento casi olvidado.
Su característica más llamativa es la de tener cuatro cuerdas dobles con una afinación y una distribución particular. Otra peculiaridad es su decoración.
El proyecto de construcción de este instrumento, que realicé durante mi estancia en Tánger con la asociación Confluences Musicales dirigida por Omar Metioui, ha requerido una investigación previa: en tratados antiguos sobre música árabe, en la búsqueda de ejemplares conservados en museos y en el análisis de otros instrumentos similares, como la kwitra argelina y el ‘ud arbí tunecino y argelino, que todavía se construyen y utilizan. Todo ello nos ha permitido obtener la información necesaria para tener una idea más clara de sus características técnicas, acústicas y decorativas. Conocemos una docena de instrumentos que consideramos importantes para nuestro estudio, ya que conservan muchas de sus piezas originales:
• Fes, Museo Dar Batha (primera mitad del siglo XIX)
• Fes, Museo Andalusí
• Rabat, Museo des Oudaïas (principios del siglo XX)
• Marrakech, Museo Dar Si Saïd, nº 7961 (primera mitad del siglo XX)
• Marrakech, Museo Dar Si Saïd, nº 72-858-01B-1593
• Marrakech, Museo Dar Si Saïd, nº 72-856-01B-1591
• Francia, colección particular de Christian Rault
• Barcelona, Museo de la Música (siglo XIX)
• Madrid, Museo de Antropología (ca. 1900)
• Ávila, Museo Provincial (ca. 1900)
• Estados Unidos, Dakota del Sur, National Music Museum (principios del siglo XIX)
• Vaticano, Museo
Hay otros ejemplares algo más tardíos, como algunos instrumentos construidos por la familia Ben Harbit de Fes, donde ya aparecen influencias del laúd oriental, como la forma del puente, la quinta cuerda, incluso la sexta, el aumento de la profundidad de la caja, etc., aunque conservan parte de la decoración típica del laúd ramal.
En su aspecto exterior, la caja del laúd ramal es más pequeña que la del oriental; las cuerdas suelen ser de un largo similar y, por lo tanto, el mango es más largo. Su figura es más esbelta y menos corpulenta que la del ‘ud sharqí. Sus cuatro cuerdas, hechas de tripa de cordero, se afinan de grave a agudo: do–re–sol–la, por lo que su tesitura es solo de una octava, pero su distribución no es regular, sino que la cuerda más aguda (la, hsin) se sitúa al lado de la más grave (do, dayl), quedando así en el instrumento: do–la–re–sol. El intervalo de las cuerdas exteriores es de una quinta ascendente y el de las interiores, de una quinta descendente, por lo que se la llama “afinación por quintas abrazadas”. La tensión de las cuerdas es algo mayor, como también el grosor de la tabla armónica, lo que lo hace un instrumento muy percusivo, teniendo más importancia el ataque de la nota que su resonancia.
El primer autor conocido que habla de esto es Muhammad al-Buasami (finales del siglo XVII). Vivió en Fes y Meknés. Hizo un largo viaje por Oriente donde recogió datos sobre la música árabe que utilizó después para su original exposición del arte marroquí. Era conocido gracias al texto de su discípulo al-Alamī (+1721), hasta que en 1995 se descubrió el original: Iqād al-shumū’ li-ladhdhati al-masmū’ bi-naghamāt al-tubū (“Las velas encendidas ante el placer de escuchar las melodías de los modos”), Rabat, Biblioteca al-Hasaniyya, manuscrito 11333. Al-Buasami describe el laúd magrebí de cuatro cuerdas; es el primer autor que menciona la nueva afinación y disposición de las cuerdas, con la también nueva nomenclatura. En el tratado aparece una ilustración esquemática del laúd indicando los nombres de las notas.
Desde los tiempos de Ziryab se emplea la pluma de águila para tañer. Este tipo de plectro da al sonido un color muy distinto del que produce el cuerno, el carey o el plástico. La raqma, o placa que protege la tabla armónica de los ataques de la pluma, es un elemento muy importante y habitualmente la parte más decorada.
El oído suele ser único (rara vez tiene otros dos mucho más pequeños) y se adorna con un lazo o rosetón de figuras geométricas. Es curioso observar que la mitad de los instrumentos analizados tienen la estrella de seis puntas en su diseño. Puede ser que el empleo de la estrella de David haga referencia a que el constructor fuera hebreo, lo cual no sería descabellado, pues sabemos de la existencia en el pasado de orquestas judías, concretamente en Essaouira. Pero no debemos olvidar que este símbolo apareció en algún momento en la bandera y la moneda de Marruecos.
Otras partes decoradas son: la zona del botón en la base de la caja y una capita o capa corta alrededor de la caja, donde se junta con el mango. En casi todos los casos, la decoración no solo es de incrustación, sino también de superposición de un mosaico de pequeñas piezas de madera de distintos colores, a veces combinadas con hueso o nácar.
El puente es robusto; suele adornarse con bigotes y se extiende mucho hacia la base de la caja para adquirir mayor superficie de encoladura y soportar mejor la fuerte tensión de sus cuerdas.
Los materiales empleados en su construcción suelen ser: cedro del Atlas para la tapa armónica y algunas piezas interiores; haya, caoba africana, sapeli, plátano o nogal para la caja y el clavijero; ébano y alguna madera frutal para las clavijas y la decoración; pino u otra madera ligera para el mango, que a veces va chapado con maderas decorativas. El hueso y el nácar solo se utilizan en la decoración.
Historia
Los orígenes
Para entender mejor el origen de este instrumento hay que remontarse a la historia del laúd árabe, que se forma en la misma época que la propia Escuela de Música Árabe. Desde el más antiguo autor conocido que escribe sobre esta música hasta los más modernos, emplean el laúd para explicar las notas y los intervalos que definirán esta escuela, de modo que se convierte en el instrumento más importante, el más conocido y el más extendido, llegando a introducirse en otras culturas musicales.
Todo comienza a mediados del siglo VII en La Meca y Medina, donde se están sentando las bases de la música árabe con un instrumento persa llamado barbat, que fue introducido por esclavos cantores. A partir de entonces empieza a fabricarse en Arabia este tipo de instrumento, al que llamaban ‘ud farisí. A lo largo del siglo VIII, se modifica y adquiere las características que le son propias; las más importantes son el empleo de la filosofía en su concepto y de la geometría en su construcción. Es en Bagdad, capital del período abasí, durante la segunda mitad de este siglo, cuando el laúd se hace clásico. Tiene cuatro cuerdas dobles afinadas por cuartas. Son los tiempos del sultán Harun al-Rashid y de los músicos Ibrahim al-Mosulí, su hijo Isaaq y Zalzal al-Darib.
Al-Ándalus y el Magreb
Al-Hakam I (796–822), nieto del primer omeya de Al-Ándalus, manda llevar a Córdoba esclavas cantoras de Medina y Bagdad que se acompañaban con el laúd. En el año 822 llega también a Córdoba Ziryab, llevando consigo un instrumento más ligero que tañe con pluma de águila. El historiador cordobés Ibn Hayyan (988–1076) escribió que Ziryab dijo: “Tengo un laúd hecho por mis manos y afinado con mi arte y no quiero otro. El tamaño y la madera son similares al de mi maestro Isaaq, pero el mío pesa una tercera parte. Mis cuerdas son de seda no hilada en agua caliente, que les da una cocción excesiva y las hace blandas, y el bordón y la tercera los hice de tripa de cachorro de león, por lo que tienen más claridad, resonancia, intensidad y agudeza que las de tripa de otros animales, soportando mucho mejor que otras el impacto del plectro que las tañe”.
En Córdoba añade la “famosa” quinta cuerda que, según Ibn Hayyan, no tuvo ninguna trascendencia, ya que a su muerte se siguió usando el laúd de cuatro cuerdas. Ziryab ejerce una gran influencia sobre la cultura andalusí: crea una escuela de música y canto, difunde el instrumento y otras muchas costumbres orientales por Al-Ándalus y se convierte en un mito.
Al-Katib es el primer tratadista que dice claramente, en Alepo o Mosul a finales del siglo XI, que el laúd debe tener cinco cuerdas. Esto lo habían propuesto antes al-Kindi (874) y al-Farabí (950), y también después Ibn Sina (1037) e Ibn al-Tahhan (1057), pero sin atreverse más que a sugerirlo. Desde entonces, los autores orientales hablan del laúd de cinco cuerdas y, a partir de Al-Ladhiqi (1495), se establecen tres tipos: ‘ud qadim (antiguo), con 4 cuerdas; ‘ud kamil (perfecto), con 5; y ‘ud akmal (súper-perfecto), con 6 cuerdas. Eso sí, siempre afinadas por cuartas, excepto la más grave, que depende del modo musical de la interpretación.
En Al-Ándalus y el Magreb el primitivo laúd de cuatro cuerdas afinadas por cuartas se mantiene, y sabemos por el escritor tunecino al-Tifashi (1184–1253) que era el que usó Ibn Bayyá (Zaragoza 1070 – Fes 1139). También menciona Sevilla como el centro musical más importante y mercado de esclavas cantoras.
En tiempos del rey de Castilla Alfonso X “El Sabio” (+1284) aparecen las primeras representaciones del laúd árabe en ambiente cristiano, esculpidas en las portadas de las catedrales o pintadas en las miniaturas de los códices. Se observa que aparecen con cuatro o cinco cuerdas dobles. A partir de este momento nace el laúd europeo, que evolucionará independientemente, creando multitud de variedades, con su época de esplendor en el siglo XVI y su decadencia en Europa a mediados del XVIII.
Existen grandes lagunas de información sobre Al-Ándalus y el Magreb, quizá debido al horrible hábito de quemar libros. No obstante, la tradición dice que el laúd es uno de los tres instrumentos, junto con el rebab y el ṭār, utilizados desde siempre en la interpretación de la música andalusí-magrebí.
Podemos distinguir tres tipos de laúd magrebí: ‘ud ramal en Marruecos, kwitra en Argelia y ‘ud arbí en Túnez y Argelia. Estos tres laúdes tienen peculiaridades propias, pero también elementos comunes que les dan una gran uniformidad y nos hace pensar en un origen común. Sospechamos que estas características compartidas las tendría el laúd andalusí antes de la caída de Granada.
Los instrumentos estudiados pertenecen al siglo XIX y principios del XX. Son muy variados en la forma, la estructura y el acabado, pero suelen adornarse con una estética muy característica, algo que he tratado de plasmar en mis reproducciones.
Nuestro afán por recuperar y poner en práctica las antiguas formas de expresión del laúd ramal nos ha llevado a realizar este proyecto con el deseo de salvar un símbolo de identidad musical perdido.
Ficha Técnica
Maderas empleadas en la construcción: nogal, cedro, samanguila, limonero, ébano, boj y caoba.
Caja de nogal de 13 duelas
Tapa de cedro
Puente de nogal
Golpeador de samanguila y limonero
Mango de cedro chapado en zig-zag
Diapasón de ébano y boj
Clavijero de nogal
Clavijas de ébano
Borde de la tapa con taquitos de caoba y limonero
Adorno del botón en abanico de ébano y limonero
Adorno de la cruz de ébano
Cuatro cuerdas dobles de tripa con un tiro de 620 mm




